Actuando para la inmortalidad…los que nunca vieron su última película

Nos morimos muy poco y lo mejor sobrevive. Germán Dehesa
Quizás la mayor seducción que ejercen las estrellas de cine sobre todos nosotros es la posibilidad de ser inmortal. Actuar significa plasmar tu escencia en una escena, durante segundos quizás, generando una imagen que perdurará por encima de tu propia existencia. Un actor sabe que su trabajo en pantalla podrá repetirse infinidad de veces jugando con las leyes del tiempo y el espacio que rigen a los demás mortales. Sí, ser actor es algo parecido a ser un Dios: provoca, conmueve, indigna o convence… se elige en cada papel la manera en que querrás se recordado para la eternidad.
Pero quizás no hay nada más sobrenatural en esta condición que haberse ido de a poco, con la sensación de no haber resuelto el enigma final: sin haber decidido el mensaje póstumo con la suficiente solemnidad, y cuando al parecer esta última imagen al azar, resulta determinante para dar sentido a una vida entera.
Por supuesto que el caso más ilustrativo - y reciente- es el de Heath Ledger, a quien ya se menciona como ganador de un Oscar póstumo. Ledger no solo hizo una actuación estupenda: logró cambiar el arquetipo de un villano de comic en la pantalla. Habrá un parteaguas en la forma de representar villanos en la pantalla grande gracias a al trabajo Ledger y su versión de The Joker. Y que conste que eso no es un legado cualquiera: hay quien busca dejar esa huella paradigmática a lo largo de toda su carrera.

























